Hemos hablado con la esencia de Hesed de la presencia de Hasimha, la alegría en nuestro organismo, cuando las células se llenan de luz, el fluido energético que abastece nuestro organismo se siente permanentemente revitalizado y la luz penetra con fuerza en nuestro interior. Dicen que la felicidad es un estado paradisiaco y decíamos en anteriores capítulos que volver al paraíso es una de nuestras principales tareas en cada encarnación. Alejarse de él es negar la existencia y despreciar nuestro objetivo principal y las funciones más vitales, expresivas, y amorosas de la existencia.
Por otra parte, hay muchas maneras de alterar los procesos creativos cuando no respetamos nuestra chispa divina y es algo que no puede perpetuarse. Negarse a vivir es alterar nuestra historia y es cuando la rectificación nos llega a través de la “Severidad”, Gueburah, o Geburah, Gimmel (ג), beth (ב),vau (ו), (ו), resh (ר), heth (ה), la Inteligencia Radical que actúa en nuestros mecanismos internos. Entra en funciones porque el Guerrero, el quinto Sephirah, segundo debajo de Binah en la Columna de la Izquierda, se activa para reprogramarnos y reformar lo que se ha alterado.
La luz de Hesed desactivada o mal canalizada da lugar a ciertas debacles en la organización de nuestro microcosmos y el Pilar de la Derecha del Árbol de la Vida se desequilibra. Gueburah ataja los excesos. Podríamos decir que tener demasiado de todo acaba fomentando la excesiva complacencia, la comodidad, incluso la pereza. La gula pasa factura. Cualquier exceso también pone de manifiesto la necesidad de aplicar el bisturí cósmico y de esto se encarga Gueburah, la fuerza marciana. La reordenación interna nos permite comprender que la dinámica divina no puede alterarse descontroladamente.
Hay momentos en que tenemos que desalojar las tendencias que nos impiden avanzar, nos obstaculizan y perjudican. Gueburah se emplea a fondo cuando la injusticia campa a sus anchas. Actualmente vemos que los diferentes capítulos de corrupción y excesos están dando mucho que hablar en nuestra sociedad y la “severidad” de Gueburah se está aplicando a rajatabla.
Por otra parte, la disciplina que nos propone este Sephirah también es la que nos estimula, la que nos arma para el combate de la existencia. Gueburah rige la sangre, la fuerza, el trabajo, la acción, el esfuerzo que nos permite superarnos. Vemos que nuestra sociedad se balancea al ritmo de Hesed, el Esplendor, la abundancia, y Gueburah, el corrector. En este Sephirah empezó el calvario del hombre, el pago de la deuda que contrajo con la transgresión a las reglas, lo representa un trabajo arduo sobre la conciencia y se trata de restablecer el equilibrio entre los deseos y el Yo Superior
Los Luciferes, que identificamos como las tendencias rebeldes adscritas a la Columna de la Izquierda, la columna que nos lleva al trabajo más denso, y que representan nuestra parte más instintiva, se encargan de recordar al ser humano la cuenta que tiene pendiente con la divinidad, es decir con su chispa divina, Yo Superior o Yo nuclear. Entre el ideal de Hesed y la justicia de Gueburah, nos medimos con el destino para rendirle cuentas a Binah.
Reconocemos la esencia de este quinto Sephirah en nuestra propia naturaleza interna. Una cierta ambición y agresividad se hacen necesarias para mantenernos vigilantes y activos. La necesidad de estimular nuestras ilusiones utiliza también la fuerza de Gueburah porque es el elemento dinámico que incita a superar los obstáculos. La iniciación que nos propone este Sephirah es la del guerrero, la del vencedor, nos da el coraje de vivir, el dominio de la experiencia y aprender a sacar lo más positivo de cada circunstancia.
La influencia destructiva de Gueburah es transitoria porque nada hay en la organización cósmica que nos lleve a la catástrofe, sino al aprendizaje, a veces en pésimas condiciones, pero la bondad siempre acaba por salir a la luz. La energía de Gueburah es la que anima todas las cosas, la que da el calor a la sangre, activa la voluntad de acción y arma la sexualidad para perpetuar la vida. Alienta nuestros deseos de superación y la grandeza por transmutar las dificultades.
Gueburah se sitúa debajo de Binah y es por lo tanto portador de su rigor. No obstante la fuerza dura de Binah necesita ser modificada y este es el cometido de Gueburah, de lo contrario toda la creación quedaría petrificada en un molde tal y como quedó Lot convertida en sal, (Saturno, sal, plomo). Gueburah es el más disciplinado de los Sephiroh, también el más dinámico y violento. El hierro es el metal de Gueburah. Es el Gran Iniciador de la Columna de la Izquierda porque lo hace con las herramientas de la Justicia y el Rigor.
En la anterior entrega de Hesed hemos hablado de la salud, la Simha, y que su ausencia provoca la enfermedad, es decir la falta del fluido energético bloquea y obstruye. El hombre enfermo es el hombre colapsado. La palabra que designa la enfermedad en el idioma hebreo es mahala, que a su vez proviene de la raíz mahol que significa trazar un círculo, entendiendo que cuando la energía circula sobre sí misma provoca desajustes, bloqueos. Hay que dejar de dar vueltas sobre uno mismo, salirse del círculo vicioso para permitir que la vida fluya, se expanda, se libere y se deshagan los nudos. Entrar en sintonía con Gueburah es trabajar esa energía de vida, tomar conciencia de esos obstáculos energéticos, identificar la represión y lo que impide valorarnos positivamente. Gueburah pone en movimiento la esencia de la Energía Divina.
Decía Cristo en su Sermón de la Montaña:
El ojo es la lámpara del cuerpo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo se verá iluminado mientras que si tu ojo se encuentra en mal estado, todo tu cuerpo estará en las tinieblas. Y si la luz que hay en ti son tinieblas, ¡cómo serán de espesas las tinieblas mismas!
Esta parábola viene a ilustrar la necesidad de comprender cómo circula nuestra energía vital y lo importante que es saber administrar nuestras energías de forma constructiva para que todo fluya de manera a alcanzar la plenitud en todos nuestros cuerpos, en eso consiste la sanación holística e integral.
La representación planetaria de Gueburah es Marte; administra los contenidos de dos signos de gran presencia, Fuego y Agua, Aries y Escorpio. Los trabajos primordiales de estos dos signos son:
- Aries: armarnos de valor y voluntad para iniciar cualquier aventura
- Escorpio: liberar nuestras energías vitales y sexuales para que la existencia siga manifestándose.
Impulso y transmutación que nos llevan a la plena conciencia del Ser, que es lo que veremos próximamente en el siguiente Sephirah.
La conciencia y la belleza.
Tiphereth, Tau, Phe, Aleph, Reish, Tav, es la “Inteligencia Mediadora” y su experiencia espiritual es la visión de la armonía de las cosas. Sexto Sephirah del Árbol de la Vida y el lazo de unión entre el Mundo de la Emanación o Atziluh y el de la Formación y Yetzirah, situado en el Pilar del Centro nos transmite la idea de una conciencia unitaria que debe plasmarse en toda creación y formación de la realidad. Tercer Sephirah del Mundo de la Creación o Briah que nos permite comprender que la expresión de la armonía de la belleza interior debe reflejarse en el exterior, en cada acción.
En Tiphereth la conciencia celestial y la conciencia del hombre se perciben, se unen para generar una luz extraordinaria que nos enseña que hay un Más Allá y un más acá en la evolución de todo lo que ES.
La conciencia debe encontrar el equilibrio y Tiphereth es lo que percuta nuestro interior para “salvarnos” de las experiencias que no pueden coexistir en el marco más sublime y excelso de la naturaleza humana. Es el filtro que nos ayuda a transmutar las sombras. En este Centro opera la fuerza Crística para el hombre. También se le reconoce como Rajanim: la compasión. Es el self o el nivel del Centauro, en la visión de Ken Wilber. Rey y Adam.
En Hochmah reside el Amor y la esencia Crística, pura emanación de Luz Líquida. En Tiphereth el alma debe elevarse después de haber pasado por la materia y reconocer su grandeza. La experiencia metafísica de Tiphereth se une a la experiencia material; se asocia al Sol y al corazón.
Este Centro nos transmite el equilibrio que conecta con toda la belleza de los arquetipos de los Mundos y los Centros de arriba con los arquetipos de la formas en los Centros de abajo; espíritu, mente, emoción y cuerpo se convierten en armonía y plenitud.
Si bien la Conciencia en Tiphereth opera a tres niveles, espíritu, psique, y corazón o fuego central, en este Centro la llama de nuestra chispa individual almacena las experiencias adquiridas en Hesed y Gueburah. Vivir en la esencia de Tiphereth equivale a conectar con nuestro Rey Interior y nuestro Yo superior de forma intuitiva. El Sol central-Tiphereth nos permite ser canal de absorción de la luz de Kether, el Amor de Hochmah y la experiencia de Binah para volcar esa sabiduría a los Mundos de Yetzirah y Assiah, Formación y Acción.
Efectivamente los cabalistas llaman a Tiphereth Shemesh, (Shin, Mem, Shin) o la Esfera del Sol. Notemos que todos los dioses solares en todas las tradiciones tenían poderes curativos. En el reino mineral el Sol es el oro, las monedas con las que se compra simbolizan también la energía del Sol. Mediante la manifestación del Sol central nuestro universo se pone en movimiento para administrar adecuadamente todas las fuerzas vitales. Tiphereth es pues un distribuidor de energías y es el sanador de nuestras vidas. La activación de la luz del sol, o sea de la conciencia solar y crística ha sido y es un factor terapéutico de primer orden porque actúa en el organismo a todos los niveles. Las meditaciones que parten del chakra solar están basadas en la energía de Tiphereth. Cuando rehusamos aceptar nuestro papel en la vida, enfermamos a nuestro Tiphereth interno. Sabemos que la represión es uno de los factores de más calado en las enfermedades del ser humano.
Por otra parte, Tiphereth recibe el título de “Inteligencia Mediadora”, como fuente de doble corriente; por un extremo reconecta con la Fuente Primordial, (Kether), a través del éxtasis de experiencias espirituales, y por otro con la vida material, (Yesod).
La clave para comprender a Tiphereth es la del sacrificio de volver a la vida. Nuestro niño interior que baja al ruedo desde su majestuoso trono como el rey que se debe a su pueblo hasta que todas sus gentes y tendencias le obedezcan. Esta es la tarea del yo inferior supeditado al Yo superior.
El Arcángel en la esfera de Tiphereth es Raphael, el espíritu que está en el Sol, el espíritu que sana.
Belleza y Victoria
Netzah, Noun, Tsade, Heith, séptimo Sephirah del Árbol de la Vida o Árbol Cabalístico ofreciéndonos la Experiencia Espiritual de “La Belleza Triunfante”, desplegando su virtud: el amor, la creatividad.
Se sitúa debajo de Hesed, (bondad, gracia y tolerancia), y es el primer Centro del Mundo de Yetsirah o Formación. Si en Hesed se encuentra reflejada la Luz-Amor de Hochmah, en Tiphereth destella el rostro conciencia de Kether-Voluntad y Netzah quedará impregnada de estos valores.
A medida que descendemos el Árbol Cabalístico se materializan de forma progresiva las herencias recibidas, pero el contacto con el Mundo de la materia altera a menudo los sentidos. El amor emanado de Hochmah es tan puro que sus radiaciones son captadas con cierta dificultad y nos cuesta aprovecharlas. En Hesed ese amor se transforma en afán de conquista y de gozo de los deseos. Así en Netzah ese afán, ese amor y esos ideales ya tienen forma concreta, tangible y somos capaces de percibir, de apreciar, de crear mediante el aporte energético de este Centro de vida. Venus es el rostro visible de Netzah y administra los contenidos de Libra y Tauro.
Netzah representa lo intuitivo de nuestra naturaleza, los instintos y las emociones en todos sus registros. Si se reintegran arriba, los sublimaremos, si se vuelcan hacia abajo, experimentaremos.
De este Centro de vida nos viene la inspiración, la sensibilidad, la armonía de las formas, la búsqueda del complemento ideal y la plenitud tanto física como espiritual. Netzah capta las energías de Urano-Hochmah y de Júpiter-Hesed, y se encarga de abastecernos de toda clase de sensaciones; tentarnos con las apetencias de la tierra y las del cielo. Es la vibración, los sentimientos, la autoexpresión y los poderes astrales. Netzah es responsable de la formación del Aire, por Libra y de la materia, por Tauro.
En este 7º Sephirah adornamos nuestra existencia, nos recreamos en la forma y nuestros cinco sentidos captan impresiones que acaban en manifestación.
En tiempos primitivos los seres humanos adoraban las imágenes porque representaban fuerzas, referencias con las que identificarse. Los rituales eran externos. La imagen tiene mucho poder porque mediante iconos entendemos mejor el mundo; aún las necesitamos para ver o palpar la realidad. Sin embargo Netzah también nos conecta con las esencias superiores de lo que no tiene faz, lo que solo se percibe. No hace falta nada más que sentir el amor, la creatividad para reconocerlos; es el lazo invisible entre sentimiento y pensamiento. Hod se encargará de racionalizar la percepción de todas las cosas.
El Árbol de la Vida nos describe en el Sephirah Netzah la alquimia emocional para acceder al estado superior de la experiencia. Alquimizar nuestros sentidos nos lleva a la iniciación de la conciencia del Poder y la Belleza, la Victoria de la luz sobre las tinieblas; la Victoria del Amor por encima de la pasión de los instintos, que sin negarlos, los transmutamos. Esa Belleza que sentimos por la creación entera y esa sublimación nos lleva a la Verdad.
Las palabras del filosofo del siglo IX Abu Sulaiman al-Davani describen a la perfección lo que nos propone Netzah:
La Gloria y la Verdad
Hod, He, vav, daleth, es el tercer Sephirah de la Columna de la Izquierda y el 8º del Árbol de la Vida o Árbol Cabalístico, y representa la perfección a través de la Verdad. Su Experiencia espiritual es la de la “Visión del esplendor”. De este Centro recibimos los impulsos intelectuales que nos llevan a no contentarnos sólo con los placeres de Netzah. Con Hod corregimos los posibles desmanes vividos bajo el imperio de los sentidos. Hod hereda el pensamiento activo de Binah y por lo tanto es el encargado de discernir lo que es lícito de lo que no lo es y de aplicarlo a nuestras vivencias. Después de gozar de la experiencia del placer, Hod nos propone comprender por la vía de la razón y del análisis qué es realmente la vida.
Dice el Sepher Yetzirah, el Libro de la Sabiduría Cabalística que todo emana de Hochmah y Binah, Fuerzas que se manifiestan como positiva y negativa y que engendran todos los demás Sephiroth.
- Hochmah es la esencia sublime de toda Creación
- Binah es el Creador en potencia de la Forma.
- En Hesed tiene lugar el proceso anabólico cósmico, (anábole, arriba, ascensión).
- En Gueburah es el proceso catabólico, (kata, abajo, descenso)
- En Tiphereth es el proceso metabólico; (metábole, cambio).
Netzah y Hod son la síntesis de todos los procesos anteriores pero dispuestos a liberar el espíritu del modelo preestablecido. En Hod se desencadena el libre albedrío y puede generar el caos porque para modificar una estructura hay que estar dispuestos al cambio y readaptarse.
La naturaleza de Netzah optaba por su libertad para seguir el canto de sirenas; los sentidos son los que desean llevar las riendas. Pero el espíritu o Yo Superior trata de volver a manejar el timón, y Hod juega en dos campos, Arriba y Abajo; en lo inferior, lo particular, lo individual, pero sabe que tarde o temprano deberá descubrir la verdad de quién es realmente y recobra la razón, el discernimiento, la conciencia de lo que ES; reemprende el camino de vuelta hacia lo superior.
En Hod reina la ley de la analogía, “Lo de Arriba es igual que lo de Abajo”. Por ello se atribuye el dominio alquímico de la Verdad, de la grandeza del espíritu que ya conoce, ya sabe, ya integra. En Hod radica la voluntad personal, la matriz de las formas, la estructuración de la conciencia adámica.
También se conoce a Hod como la esfera donde la magia del poder del intelecto que resuelve todos los problemas a imagen y semejanza de cómo se haría en el mundo de los Arquetipos de Pensamiento. Todas nuestras experiencias terrenales son operaciones mágicas para poner a prueba nuestro ingenio y capacidad de gestión.
Hod es la esfera de la Forma de todo lo que se anima, pero no se refiere solo a la forma tal y como la entendemos en el mundo real que conocemos, (si es que es real), sino de cualquier aspecto de la experiencia en cualquier dimensión, física, astral, etc.. De ahí que se nos proporcione todo el material necesario para proyectar y que esas proyecciones acaben convirtiéndose en realidad. Eso es lo que define la alquimia del pensamiento: cuando el poder de la Voluntad es enfocado hacia la Verdad caen los muros de la incomprensión y todo es factible; lo que proyectamos es lo que nos conviene y por lo tanto lo que materializamos. El representante plantario de Hod es Mercurio y administra los contenidos de Géminis y Virgo.
La atribución del Arcángel Mikael al Sephirah Hod está relacionada con el significado de su esencia. Mikael es “semejante a Dios”, porque es el que permite la curación. Nada es más beneficioso que la Verdad. La figura del Arcángel Mikael aparece vestido de azul, brazo en alto con una espada en la mano y en la otra unas balanzas; le pisa la cabeza a una serpiente como símbolo de la victoria de la gloria sobre las tendencias contrarias a la luz. Así el equilibrio de la razón y la fuerza del poder de los Sephiroth quedan revelados. De su espada de doble filo, rojo y azul emana un rayo violeta transmutador. Los dos filos de la espada indican su doble poder: crear el bien y eliminar el miedo, iluminar la oscuridad. Con la Espada de Luz de Mikael cortamos por lo sano cualquier experiencia o energía mal canalizada que no deseamos manifestar o perpetuar en nuestra existencia.
Las fuerzas Mikaélicas y su ejército de Luz nos aportan claridad para que todo en nuestra vida sea conforme a la Ley de Arriba. Esa es la Visión del esplendor que nos propone el Sendero que nos lleva a Hod. El Iniciado en la Verdad y Autenticidad vislumbra el esplendor de la Creación en todas las manifestaciones para depositar en el siguiente Sephirah sus valores más sublimes.
El Fundamento
Yesod: Yod-Samekh-Vav-Daleth. Arquetipo de la fecundidad. Noveno Sephirah y base de la Columna del Equilibrio. Nos habla de la “Inteligencia Pura”, porque es el encargado de purificar todas las emanaciones restantes del Árbol de la Vida o Árbol Cabalístico. La imaginación al poder.
Yesod es el fundamento del Universo tal y como nos revela su imagen planetaria, la Luna, cuna de las emociones, útero, cobijo y esencia adscrita a Cáncer. Último Centro del Mundo de Formación o Yetzirah cerrando el triángulo inferior que va de Netzah a Hod. Refleja la forma que se ideó en Binah, la imagen que se ve, y su espíritu conecta con Tiphereth y con la materia en Malkuth.
Yesod recibe las emanaciones de todos los Centros del Árbol de la Vida y los computa para que se infiltren armoniosamente en el mundo físico. Los 4 Elementos, Fuego, Agua, Aire y Tierra están representados en Yesod en esa quintaesencia de todo lo aprendido que va a expresarse definitivamente en Malkuth para finalizar el ciclo.
La función de Yesod es la de purificar porque filtra los contenidos no aptos para la expresión de la imagen. Es la magia de la que hablamos en Hod, permitiendo que la verdad que al fin ha de palparse, se manifieste en todo su esplendor. Pero es necesario entender que en Yesod no se crea la magia, sino que se materializa lo que ha sido creado a partir de la chispa en Kether y bajando peldaño a peldaño por la Organización de Etz Hayim o Árbol de la Vida. La madre cobija en el útero el fruto de la unión del espermatozoo y el óvulo, por lo tanto en Yesod no se podrá escenificar aquello que no se diseñó previamente. Ya existe, ya ES. La potencia generativa y receptáculo de todas las Emanaciones, y por ello es el lugar donde la imaginación creativa está en pleno desarrollo. Es Noé que despierta del sueño. Lo psíquico, lo instintivo, la persona y su sombra.
Cada acto de nuestra vida tiene un origen espiritual, mental, emocional para acabar densificándose y ser forma, se trate de pensamiento, sentimiento, o materia. Yesod es el puente que nos lleva definitivamente a abajo. La conciencia que actúa en Malkuth succiona la esencia de Yesod porque está directamente unida a Tiphereth, (nuestro Kether), para que ese material-experiencia terrenal posea los polos positivo, -Sol-, y negativo, -Luna-.
Yesod es considerado la morada de la Ilusión, Maya, porque allí reinan todas las imágenes. La imaginación se alimenta de las creaciones de Yesod, después de haber acumulado deseos y sensaciones, (Netzah), junto con el poder de la razón, (Hod), para que la intuición funcione al máximo en nuestros mecanismos internos, pero para ello es necesario conectar con las profundidades de nuestro inconsciente.
Si decíamos que en Hod están todos los arquetipos del mundo de pensamiento, en Yesod abunda el Éter Reflector de la Tierra, el que contiene la memoria de todas las vidas del planeta, del universo. En este Centro se manifiesta el inconsciente colectivo de la humanidad, vidas, encarnaciones pasadas y actuales. La rueda del nacimiento no es otra cosa que la del aprendizaje de los Senderos del Árbol de la Vida, de lo macrocósmico a lo microcósmico.
Yesod-Luna es el satélite de la Tierra y guarda la memoria de todos los planos de manifestación por las que el ser humano va pasando. Durante las 4 fases de la Luna el ser humano tiene la posibilidad de conectar con la sabiduría ancestral que almacena desde el alba de su nacimiento hasta el ocaso de su existencia. Yesod-Luna está en perpetuo movimiento de flujo y reflujo para darnos la posibilidad de percibir los misterios desde dentro y desde fuera. La iniciación a los misterios de la Cábala refleja este principio positivo-negativo. Las Fuerzas de Yesod-Luna son tremendamente poderosas, de ahí que las antiguas culturas siempre respetaron los ciclos lunares. Yesod gesta por su polo negativo y da a luz por su polo positivo. La mujer es la digna representante de Yesod por poseer ese doble etérico en su misma función de mujer fecundadora y fecundada. El hombre de hoy será la mujer del mañana.
Desvelando a Daath
Malkuth, décimo Sephirah del Árbol de la Vida o Árbol Cabalístico, Mem, Lamed, Vav, Tav. Sus títulos son: Inteligencia resplandeciente exaltada por encima de todas las cabezas; el Umbral de la Muerte, de la Sombra; la Madre, la Shekinah de abajo.
Malkuth es el reino de Kether en la Tierra. En Malkuth existen los principios de los 4 elementos, Fuego, Agua, Aire Tierra. Todas las partículas de nuestro universo personal, -el microcosmo-, se congregan en Malkuth porque es el Sephirah que nos permite la cristalización de todo lo que hemos adquirido en los distintos Mundos, como resultado “estable” de la coherencia de la conciencia que se ha puesto en marcha para permitirnos Ser.
Los Sephiroth del Árbol Cabalístico encuentran en Malkuth el punto culminante en la experiencia material. Es el anclaje hacia nuevas realidades una vez hemos vivido los capítulos correspondientes al desarrollo de nuestro destino.
En su recorrido por el Árbol de la Vida, el alma sueña ser “algo” único, una unidad en una multiplicidad; un cuerpo en el cuerpo de Dios, Adán Kadmón prototipo del ser celestial que debe unirse a la Shekinah, la Gran Matrona del Mundo. Malkuth es el sueño hecho realidad, hecho carne. De Tiphereth a Yesod el ser recibe la vida para cristalizarla en Malkuth que lleva en si todos los elementos condensados de la creación, la de Arriba y la de Abajo.
Hay en Malkuth una espiritualidad sistémica, es decir que afecta el Mundo de Assiah o Acción, y es que en Malkuth arde el Fuego de la espiritualidad, bulle el Agua de la emanación emocional, circula el Aire del fermento del Verbo Creador y se consolida la Tierra de la realización.
Malkuth es el Reino de la Muerte, nos dice la Tradición de la Cábala, porque es el Reino que nos permite la constante renovación. Vida-Muerte-Vida. Debemos volver a la naturaleza para que esta nos acoja y nos devuelva a la existencia. Cuando no respetamos las leyes del Cielo, o las de la Tierra, volvemos una y otra vez para aprender y reconsiderar nuestros actos. La Naturaleza, regida por Binah, nos somete a su “ley”. Es la presencia viva y activa de los planos físicos, es la Vasija de la resistencia; la Shekinah Shabat, el cuerpo realizado y donde cumplimos nuestro Tikun.
Así debemos entender la Ley que nos “somete” a la reencarnación, esa sucesión de vidas que tenemos ineludiblemente que pasar con un cuerpo único, una serie de distintivos que nos hacen ser irrepetibles en Malkuth, pero con un bagaje hecho de secuencias que nos acercan paso a paso a la Sabiduría. Es lo que buscamos cuando después de haber bajado por los Senderos del Etz Hayim tenemos que empezar el camino de retorno; es la Ascensión.
Manifestamos nuestras vidas en 4 campos, en 4 Mundos, en 4 Cuerpos, en 4 elementos, desde Atzilluth o Emanación a Assiah o Acción, donde la forma tiene su máximo esplendor y desarrollo. Cuando nos referimos al axioma hermético: “Lo de Arriba es igual que lo de Abajo y lo de Abajo es idéntico a lo de Arriba”, estamos hablando de ser a imagen y semejanza de la naturaleza física, emocional, mental y espiritual, por lo tanto, en Malkuth vamos a experimentar progresivamente todo este desarrollo con todas sus consecuencias y magnificencia.
La Kabbalah (Cábala) nos permite reconocer con su sistema o tratado de comportamiento, la suprema sabiduría de la construcción de este Árbol de frutos que nos desvela el misterio de la Vida.
Malkuth nos destierra pero a la vez nos eleva porque encarnación tras encarnación nos aproximamos a la esfera del máximo conocimiento. De Malkuth a Kether en la Ascensión nos encontraremos con Daath, Sephirah velado a la conciencia que aún no se ha expresado, no se nos ha revelado.
Daath es Conocimiento. Es el llamado falso Sephirah por tratarse de una esfera de conocimiento abstracto que solo se descubrirá a quien se haya abierto a la luz, de lo contrario seguirá siendo un misterio, un abismo, una puerta oculta. Daath está en el corazón de cada Sephiroth, de cada ser humano y por ello es un Sephirah totalmente subjetivo: hay quien no lo verá jamás y hay quien sabrá sintonizarse con su esencia. Se sitúa debajo de Kether, a medio camino de Hochmah y Binah en el centro del Etz Hayim o Árbol de la Vida.
Daath es el punto de percepción más elevado del alma humana. Cuando el Yo Superior ha alcanzado la estatura completa de su desarrollo evolutivo, puede elegir entre volver a encarnarse para ayudar al desarrollo de la vida en Malkuth o elevarse y dispersarse en el Gran Logos.
En Daath se asumen los plenos poderes y se alcanza una percepción completa de Ain Sof Aur, esa Gran Luz. Daath representa la Iluminación y Malkuth nos permite la experimentación de esa iluminación pero desde el desapego total porque la personalidad mortal ya no se identifica con su densidad y se separa fácilmente de su ropaje transitorio.
Daath es también llamado la Habitación Vacía. La ausencia de símbolo nos ayuda a comprender el Desnudamiento completo de Dios. Ni fuerza ni forma, pero ambos contenidos en un estadio de suprema meditación. Este es el "secreto" del Sendero de Etz Hayim, de Hesed hacia Daath en un proceso que adentra al iniciado en la Noche Oscura del Alma.
Cuando al fin sabemos que somos mortales inmortales, nuestra concepción del mundo cambia y podemos vivir el momento presente conociendo nuestra atemporalidad.